domingo, 13 de diciembre de 2009

Así no


- ¡Vos preferís un pibe que te meta los dedos en el culo a uno que te ame de verdad! Es por eso que no querés estar con Damián. – dijo Lorena dando indignada media vuelta.
Laura no podía creer lo que estaba escuchando, le había confesado un secreto a una amiga y solo recibió un golpe.
- No importa lo que diga, dale, sigamos en lo nuestro
Traté de ayudarla pero mis intentos eran en vano. Una lagrima tras otra se le escapaban de los ojos a Laurita y ella hacia lo imposible para ocultarlas.
- Después si podes buscame en el baño… tengo ganas de hacer pis.
Apurada juntó todo y entre sollozos se fue del aula de química.
- ¿Por qué le dijiste eso? ¿No te das cuenta lo que le haces?
Trataba de defender a mi gran amiga ya que ella lo había hecho en varias oportunidades.
- ¿Ella? Es ella la que no se da cuenta lo que le hizo a mi amigo, estuvo como una semana hecho mierda y ella le hablaba de lo más normal. Ya era hora de que alguien se lo dijera.
Esas habían sido las palabras de Lore, aquella pequeña cruel. Eran pocos los que confiaban en ella y eran muchísimos menos los que se encariñaban. Tenía una personalidad muy rebuscada, a tal punto que quedabas exhausto con el simple hecho de interpretar correctamente sus palabras.
- Ella sabe lo que pasa, no es tarada. Mirá Lorena ¿Sabés como tiene que ser el estado de Lau para que llore por un hombre? Y para peor en público. Tu amigo también la había dejado muy mal y ella se comió sus quejas, se comió sus lagrimas y lo único que pudo demostrar fue frustración ¿Vos crees que no le costó decirle a Damián que solo quería su amistad? Si vos crees eso te aclaro las cosas ahora, que Laura podría haber hecho todo por ella misma pero siempre prefirió sufrir ella antes que los demás.
Al oír esto, Lorena bajó la mirada y siguió haciendo unas formulas químicas. Junté mis cosas con calma, me subí la mochila al hombro y después de un gran suspiro dije:
- Lo que me espera…
Entré al baño de mujeres, al pisar la primera baldosa sentí que algo no estaba bien. Escuché ligero pero claro el llanto de Laura, me acerqué hasta la puerta del inodoro
- Lau… ¿Estás bien? – dije preocupadísima por ella…
- Si Bety… no te preocupes por mi, vos sabes que voy a estar bien.
- Abríme la puerta Lau, dale, así hablamos.
Después de unos minutos y unos cuantos murmullos Laura me abrió la puerta, estaba llorando, sus ojos me llegaron al corazón. Cubierta en sangre, una trincheta en la mano y muy cansada su estado me ponía muy mal. La levanté y la llevé a mi casa. Sus heridas ya habían parado de sangrar, su piel se había tornado de un color blancuzco que me erizaba los pelos. Delicadamente la recosté en mi cama. Con un pañuelo húmedo y tibio le limpié la sangre y le puse un camisón mío.
- ¿Por qué hiciste esto Lau… por qué lo hiciste? – era muy difícil pronunciar estas palabras tratando de demostrar una estabilidad emocional que nadie me podía proporcionar.
- No se… no quiero saberlo, no quiero que nadie lo sepa. No quiero volver a ver a Lorena, no quiero volver a ver a Damián, no quiero volver a verme a mí, ya no quiero más nada. Me arruiné mi vida, y no es solo por lo que me dijo la estúpida de Lore, son muchas cosas más que vos no sabés ni las vas a saber, siempre dije que yo no traigo el mal a mi casa y a mi círculo de vida y menos lo voy a hacer ahora.
Mi reacción debió haber sido otra pero por alguna razón no lo fue. Dejé el paño, con la vista en blanco le di un beso en la frente y me fui de casa. Me senté en una plaza para pensar. Lo hice por horas, me distrajo mi celular. Me estaba llamando la mamá de Laura. Ella no estaba en su casa y me preguntaban si estaba con migo. Llore un largo tiempo, sola, en los bancos del sitio mientras la noche caía sin ningún tipo de problemas. Me acordé de un lugar el cual ella frecuentaba muy seguido. Tomé el colectivo y después de un tranquilo viaje de dos horas, llegué. Allí estaba, sentada sobre una piedra con mi camisón. Contemplaba una araña que no podía alcanzarla. Me acerqué… al ella mirarme estallé en lagrimas tratando de mantener la calma. Su piel estaba completamente pálida, su pelo revuelto lleno de costras de la sangre, su mirada estaba perdida. Se levanto, ella también comenzó a llorar y seguido me dio un abrazo.
- ¡Perdón por hacerte esto Bety! No quiero lastimarte más…
Desde ese día… Laura ya no es la misma, trató de reincorporarse en el colegio después de estar internada por la gran pérdida de sangre. Ya llevo 3 meses sin verla. Dicen los médicos que es malo para su estado de salud mental, nunca les creí.

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