Quieren imponernos una diversidad que se reduce a lo aceptable por la sociedad de control y su moral perversa e hipócrita. Quieren enseñarnos a amar, quieren enseñarnos la belleza, quieren enseñarnos como hablar y como movernos, quieren enseñarnos que pensar. La diversidad es inmensa, excede sus leyes, excede su mezquina aceptación condicionada, excede el control social que intentan ejercer sobre cada uno de nosotr@s.
viernes, 4 de febrero de 2011
Todo no se puede.
Ella soñaba con vivirlo todo, con ser la mejor, con ser multiorgasmica y con hacer buena letra por más que en la calle fuera la peor. Quería sin dudas vivir su vida banal, absurda, que sus actos fueran completamente impúdicos. Pero su mente, sus putos pensamientos la terminaron por destruir. Se plegó a la moda, se dejó llevar, discriminó, criticó, protesto por no más que basura, por nada que estuviera más allá de su nariz ¿Pero que te paso Menganita? Nadie la apoyó, nadie siguió sus pensamientos, nadie resaltó sus logros, para ella solamente estaban presentes sus errores, sus contradicciones a lo que siempre le mandaron.
sábado, 4 de diciembre de 2010
Dreams
Pasado un tiempo de aquella misteriosa fiesta, quedamos con Damián de reunirnos en costanera.
Cuando lo vi, lo abrasé fuerte, muy fuerte y el me rodeó con sus firmes y blancos brazos, inseguro.
Caminamos hasta el pasto, nos tiramos y miramos el cielo un tiempo.
- Entiendo lo que me decís Damián. Aunque me apena que todo esto termine acá, comenzaba a disfrutar de tu compañía.
Me recosté sobre su pecho y disfruté de ese delicioso último momento, del rojizo atardecer, del sonido de los árboles meciéndose, de los latidos de su corazón y de la última vez que me iba a sentir tan querida.
Nos levantamos, guardamos todo y caminamos en silencio hasta mi parada de colectivo. Lo saludé con un tierno beso en la mejilla y me fui, y perdí su paz, su cariño, su comprensión.
Cuando lo vi, lo abrasé fuerte, muy fuerte y el me rodeó con sus firmes y blancos brazos, inseguro.
Caminamos hasta el pasto, nos tiramos y miramos el cielo un tiempo.
- Sofi, no creo que podamos seguir saliendo así…
- ¿Por qué? – respondí
- Mirá… con Julián somos muy buenos amigos, además de que vos estés saliendo con él y no sé… estas salidas… Hay, So, la verdad es que me pasan ciertas cosas con vos y no puedo arriesgar nuestras amistades.
Bajé la mirada, pensativa y cuando me volví hacia él, caí que verdaderamente estaba allí a mi lado mirándome y yo… yo no podía contemplar algo tan bello, tan perfecto.- Entiendo lo que me decís Damián. Aunque me apena que todo esto termine acá, comenzaba a disfrutar de tu compañía.
Me recosté sobre su pecho y disfruté de ese delicioso último momento, del rojizo atardecer, del sonido de los árboles meciéndose, de los latidos de su corazón y de la última vez que me iba a sentir tan querida.
Nos levantamos, guardamos todo y caminamos en silencio hasta mi parada de colectivo. Lo saludé con un tierno beso en la mejilla y me fui, y perdí su paz, su cariño, su comprensión.
martes, 30 de noviembre de 2010
Es dificil dar el primer paso.
Lo más lindo es sentirse especial con alguien, sentirse querido, sentir que tu relación con esa persona no es igual a las demás. Lo más feo es darse cuenta que no es así.
I know, how I feel when I'm around you,
I don't know, how I feel when I'm around you.
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Frases sin ss,
Solamente mi locura
martes, 23 de noviembre de 2010
Amaaaargas vacaciones
Bienvenido sea mi autismo. No quiero bancarlos más. Bienvenidas sean amargas, largas y tristes vacaciones.
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Que asco.,
Solamente mi locura
lunes, 22 de noviembre de 2010
ASD
No soy perfecta, tengo un humor de mierda, soy de pensar las cosas antes de que me den gracia, soy muy estúpida, impulsiva, suelo aparentar ser idiota, me cayo bastante, acepto mucho las cosas que me hagan, soy un poco cagona pero creo que lo que menos soy, es de esas personas que dejan a las demás como segunda opcion, de las que apartan A SUS PROPIAS COMPAÑERAS, yo NO soy de esas. Seré bastante autista y me encerraré mucho en mi misma, pero si se trata de incluir a otras personas, no las dejo afuera.
Ahora, considerando esto, considerando que trato de dar lo que sea por mis amigos, y a la gente que me cae mal, las ayudo porque son seres humanos también, ¿Me merezco que caminen adelante mio sin mirarme? ¿Que si entro a un lugar donde estan ustedes bajen la voz y se alejen? ¿Acaso me merezco, de parte de una amiga con la que estuve toda mi vida, que me banqué mil y una, le perdoné un montón de cosas, superamos una re pelea, que me deje como segunda opcion? Que me diga: "Si va ella vos no vayas, pero si ella no quiere ir y a vos ya te dije que no yo me quedo con las ganas" (reprochandome) Guacha, aguantatela, el karma te hizo no poder ir. Vos y tu estúpida manera de enfrentar las cosas, tu poca capacidad de aceptar críticas, te voy anticipando que así te va a ir mal. Asi de pelotuda te va a ir mal.
No necesito más mierda, no necesito que me basureen, no necesito estar rodeada de egocéntricas, de egoistas, de hipócritas. ¿Qué tengo que hacer? Con las pocas personas que lo hablé me dicen: "Tenes mucha gente que te quiere, que te aguanta" Lo sé, pero duele que se caguen en vos, duele saber que para las personas que querías no seas más que un tal vez, que si no encuentran a otra persona te elijen a vos.
Me harté de esta sociedad de mierda, me harté de todo. Lo único que queda por hacer es aguantar todo esto, y no pagar con la misma moneda, yo no soy la misma mierda que ellos.
Sé bancar la traición, donde sea el lugar
y no mancarme al caer
Levantarme y pelear.
VAYANSE TODOS A LA MIERDA.
Ahora, considerando esto, considerando que trato de dar lo que sea por mis amigos, y a la gente que me cae mal, las ayudo porque son seres humanos también, ¿Me merezco que caminen adelante mio sin mirarme? ¿Que si entro a un lugar donde estan ustedes bajen la voz y se alejen? ¿Acaso me merezco, de parte de una amiga con la que estuve toda mi vida, que me banqué mil y una, le perdoné un montón de cosas, superamos una re pelea, que me deje como segunda opcion? Que me diga: "Si va ella vos no vayas, pero si ella no quiere ir y a vos ya te dije que no yo me quedo con las ganas" (reprochandome) Guacha, aguantatela, el karma te hizo no poder ir. Vos y tu estúpida manera de enfrentar las cosas, tu poca capacidad de aceptar críticas, te voy anticipando que así te va a ir mal. Asi de pelotuda te va a ir mal.
No necesito más mierda, no necesito que me basureen, no necesito estar rodeada de egocéntricas, de egoistas, de hipócritas. ¿Qué tengo que hacer? Con las pocas personas que lo hablé me dicen: "Tenes mucha gente que te quiere, que te aguanta" Lo sé, pero duele que se caguen en vos, duele saber que para las personas que querías no seas más que un tal vez, que si no encuentran a otra persona te elijen a vos.
Me harté de esta sociedad de mierda, me harté de todo. Lo único que queda por hacer es aguantar todo esto, y no pagar con la misma moneda, yo no soy la misma mierda que ellos.
Sé bancar la traición, donde sea el lugar
y no mancarme al caer
Levantarme y pelear.
VAYANSE TODOS A LA MIERDA.
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domingo, 14 de noviembre de 2010
Adiós, adiós.
Y cuando le corté supe, ya desde el momento que nos saludamos, que ahí, en esa corta y tonta conversación se terminaba nuestra amistad. Justo ahí donde dice: “TALK”. Me pregunté varias veces por qué había pasado esto. Todo fue sin “estoy enojada con vos” ó “Me duele mucho lo que hacés” simplemente pasó con un “espero que seas feliz”.
Tantos años de amistad se esfumaban en un "chau, que estés bien."
Entristecí.
Sabía que no valía la pena, Que no se cambiaba una amistad por un amor, pero mi orgullo y su capricho y vanidad habían destruido todo.
Quise hablarlo con él, quise saber que esto no era en vano, quise escucharlo, sentirlo y amarlo.
Lo llamé pero no contestó. Le mandé un par de mensajes y no respondió. Fui hasta su casa. No estaba.
Confundida me senté y pensé, pensé mucho, hasta que cayó la noche. Reaccioné y me decidí por hablar nuevamente con mi amiga, estaba arrepentida de pelearme con ella.
Caminé hasta su casa. Le toqué timbre. Me atendió su madre y me avisó que estaba en su cuarto con un amigo suyo pero que podía pasar.
Nunca me costó tanto subir una escalera, nunca tuve tanto miedo de caer. Abrí la puerta de su habitación y ahí los encontré, a él y a ella, desnudos, besándose. Mis ojos se llenaron de lágrimas, bajé la mirada y no me salió más palabras que:
- ¿Justo acá y ahora?
Corrí y corrí hasta que mis piernas gritaron que parara. Me acosté en el piso, de alguna esquina de allá por San Telmo y lloré y reproché que ahora no tenia la amiga a la cual llorarle la pérdida del chico.
Pedí, pedí ser como un pingüino, que encuentran la pareja y nunca se separan. Lo pedí a gritos hasta que empezó a hacer mucho frío, me congelaba, me paré y al caminar me vi. Tenía alas, estaba vestida de blanco y negro y junto a mi pingüino juntaba las piedras para nuestro nido.
Tantos años de amistad se esfumaban en un "chau, que estés bien."
Entristecí.
Sabía que no valía la pena, Que no se cambiaba una amistad por un amor, pero mi orgullo y su capricho y vanidad habían destruido todo.
Quise hablarlo con él, quise saber que esto no era en vano, quise escucharlo, sentirlo y amarlo.
Lo llamé pero no contestó. Le mandé un par de mensajes y no respondió. Fui hasta su casa. No estaba.
Confundida me senté y pensé, pensé mucho, hasta que cayó la noche. Reaccioné y me decidí por hablar nuevamente con mi amiga, estaba arrepentida de pelearme con ella.
Caminé hasta su casa. Le toqué timbre. Me atendió su madre y me avisó que estaba en su cuarto con un amigo suyo pero que podía pasar.
Nunca me costó tanto subir una escalera, nunca tuve tanto miedo de caer. Abrí la puerta de su habitación y ahí los encontré, a él y a ella, desnudos, besándose. Mis ojos se llenaron de lágrimas, bajé la mirada y no me salió más palabras que:
- ¿Justo acá y ahora?
Corrí y corrí hasta que mis piernas gritaron que parara. Me acosté en el piso, de alguna esquina de allá por San Telmo y lloré y reproché que ahora no tenia la amiga a la cual llorarle la pérdida del chico.
Pedí, pedí ser como un pingüino, que encuentran la pareja y nunca se separan. Lo pedí a gritos hasta que empezó a hacer mucho frío, me congelaba, me paré y al caminar me vi. Tenía alas, estaba vestida de blanco y negro y junto a mi pingüino juntaba las piedras para nuestro nido.
jueves, 28 de octubre de 2010
Dios viste de negro.
Hasta ese momento creía que nada podría arruinar todo lo que estaba construyendo. Era una simple mujer de 23 años. Yo crecía junto a mi nueva familia: mi hija Lara de 2 años y su padre Fabián de 24 ¡Ah! Podría decir que aquello que tenía era hermoso.
Llovía. Llegue a mi casa tarde –como de costumbre- del trabajo. Me esperaba una cena rica y una cama calentita. Unos macizos brazos morenos me acobijaron por detrás y seguida la mirada –que hasta ese momento creía única- de mi hombre. Mi hijita cantaba a puro pulmón las canciones del CD de Maria Elena Walsh recordándome cuando yo lo hacia. Se me dibujaba una sonrisa en la cara, estaba feliz de que ella pudiera tener lo mismo que su madre.
- Larita, vamos a dormir que sino papá mañana no se levanta.
Me fui a acostar, exhausta por todo lo del día y de paso por lo del día siguiente. Cada sueño era sentir la libertad que creía tener en vida.
Como todos los días me desperté temprano junto a Fabián, levante a la criatura y seguí la rutina que por más de ser monótona me gustaba.
Ese día… como olvidarlo. Fue distinto por así decirlo. Me tome el 17. Allí vi un muchacho. Nunca lo había notado antes a esa hora. Mas allá de eso, me llamo la atención, despertaba algo dentro de mí que realmente desconocía. Lo investigué por un buen rato, aparentaba de unos veintitrés a veinticinco años. Llevaba puestas un par de zapatillas de lona, un jean, una camisa blanca, una corbata floja y, lo que mas me atrajo, tenia el pelo largo lacio hasta la cintura, adornado por un sombrero, de esos que estaban a la moda. Traté de no hacer caso a lo que sentía por aquel o quizás simplemente a esa sensación.
Pasaban los días, yo lo seguía viendo y un único sentimiento se iba apoderando de los otros. Sin darme cuenta se transformaba en una obsesión.
Otra vez en casa de noche, un viernes por suerte, me senté a hablar con Fabi después de haber acostado a Lara.
- Fabi… ¿Vos me querés? – dije tratando de encontrar una respuesta a una pregunta que ni yo sabia a que iba.
- Mas vale Cami, sabes que te amo y que me haces una persona re feliz.
Sus ojos brillaban con una profundidad infinita que siempre me atrapó. Su cara, su cuerpo, su voz, su todo me hacía suspirar, pero nunca sentí curiosidad por él.
Ese fin de semana se me hizo interminable, estaba esperando a… tomarme, otra vez, el colectivo.
Lunes, despertador, novio, hija, desayuno, 17.
Lo vi., esta vez era demasiado, me acerqué al misterioso joven.
- Está jodido el transito a esta hora.
Una parte de mi detenía cada palabra que tocaba mis labios pero otra, mucho mas fuerte, me hacia pronunciarlas.
- Esto es Buenos Aires, o te comes dos horas de viaje como ganado o te morís de hambre.
Su voz me retumbaba en la cabeza, analicé todas las palabras que dijo, sentía que todo lo había vivido.
- Sí, tenés mucha razón, aparte esta la family. Te veo bastante seguido en este colectivo ¿Cómo te llamás?
Toda mi vida me dijeron caradura pero se ve que esa palabra les quedaba corta. Sentía renovadas fuerzas al hablarle
- Decimelo a mi… Soy Sebastián ¿Vos?
- Camila, mucho gusto.
En ese momento se me olvido el mundo entero: el trabajo, la casa, mi vida, la nena, Fabián.
- Bueno Camila, te invito a tomar un café si no te parece mal. Yo entro a las 9, creo que media hora no está mal.
Acepté. Sebastián tocaba en una banda pero la industria de la música no estaba de su lado, por eso trababa de mozo en un barsucho.
Desde ese día mis ánimos cambiaron, ya no hacia bien mi trabajo, llegar a mi casa era un peso mas, me molestaba hasta mi propio ser. Los únicos momentos en los que sonreía eran todas las mañanas que me tomaba un café con el metalero del bondi.
Era miércoles, ya había viajado tres días, me faltaban dos. Entré a mi casa, el fastidio se convirtió en dolor y este ultimo en furia. Las lágrimas se me escapaban de los ojos.
- ¡Cami! ¿Qué te está pasando? Hace días que estas mal.
Sus palabras eran un puñal helado en todas las partes de mi cuerpo. Sus manos hastías de tanto trabajo no carecían de una delicada caricia sobre mi espalda, mientras rendida en el suelo me preguntaba que era lo malo de todo esto
- Fabi, Fabi… ¿Qué estoy haciendo mal?
Ya me había olvidado cómo se sentía que alguien te quiera de verdad.
Todo estaba bien hasta que me volví a encontrar al bendito músico, pero esta vez de noche. Me invitó a la casa a tomar algo, vivía un tanto cerca de la mía. Accedí. Esa noche fue la más misteriosa, no la puedo explicar. Poco después de partir rumbo a mi casa me invadió la culpa. Decidí contarle lo sucedido a mi pretendiente. Fue la primera vez que vi como sus ojos perdían la magia, sus manos se volvían brutas, su voz dolida y su cara arruinada. Ahí me di cuenta lo que había hecho, o mejor dicho, deshecho.
Llovía. Llegue a mi casa tarde –como de costumbre- del trabajo. Me esperaba una cena rica y una cama calentita. Unos macizos brazos morenos me acobijaron por detrás y seguida la mirada –que hasta ese momento creía única- de mi hombre. Mi hijita cantaba a puro pulmón las canciones del CD de Maria Elena Walsh recordándome cuando yo lo hacia. Se me dibujaba una sonrisa en la cara, estaba feliz de que ella pudiera tener lo mismo que su madre.
- Larita, vamos a dormir que sino papá mañana no se levanta.
Me fui a acostar, exhausta por todo lo del día y de paso por lo del día siguiente. Cada sueño era sentir la libertad que creía tener en vida.
Como todos los días me desperté temprano junto a Fabián, levante a la criatura y seguí la rutina que por más de ser monótona me gustaba.
Ese día… como olvidarlo. Fue distinto por así decirlo. Me tome el 17. Allí vi un muchacho. Nunca lo había notado antes a esa hora. Mas allá de eso, me llamo la atención, despertaba algo dentro de mí que realmente desconocía. Lo investigué por un buen rato, aparentaba de unos veintitrés a veinticinco años. Llevaba puestas un par de zapatillas de lona, un jean, una camisa blanca, una corbata floja y, lo que mas me atrajo, tenia el pelo largo lacio hasta la cintura, adornado por un sombrero, de esos que estaban a la moda. Traté de no hacer caso a lo que sentía por aquel o quizás simplemente a esa sensación.
Pasaban los días, yo lo seguía viendo y un único sentimiento se iba apoderando de los otros. Sin darme cuenta se transformaba en una obsesión.
Otra vez en casa de noche, un viernes por suerte, me senté a hablar con Fabi después de haber acostado a Lara.
- Fabi… ¿Vos me querés? – dije tratando de encontrar una respuesta a una pregunta que ni yo sabia a que iba.
- Mas vale Cami, sabes que te amo y que me haces una persona re feliz.
Sus ojos brillaban con una profundidad infinita que siempre me atrapó. Su cara, su cuerpo, su voz, su todo me hacía suspirar, pero nunca sentí curiosidad por él.
Ese fin de semana se me hizo interminable, estaba esperando a… tomarme, otra vez, el colectivo.
Lunes, despertador, novio, hija, desayuno, 17.
Lo vi., esta vez era demasiado, me acerqué al misterioso joven.
- Está jodido el transito a esta hora.
Una parte de mi detenía cada palabra que tocaba mis labios pero otra, mucho mas fuerte, me hacia pronunciarlas.
- Esto es Buenos Aires, o te comes dos horas de viaje como ganado o te morís de hambre.
Su voz me retumbaba en la cabeza, analicé todas las palabras que dijo, sentía que todo lo había vivido.
- Sí, tenés mucha razón, aparte esta la family. Te veo bastante seguido en este colectivo ¿Cómo te llamás?
Toda mi vida me dijeron caradura pero se ve que esa palabra les quedaba corta. Sentía renovadas fuerzas al hablarle
- Decimelo a mi… Soy Sebastián ¿Vos?
- Camila, mucho gusto.
En ese momento se me olvido el mundo entero: el trabajo, la casa, mi vida, la nena, Fabián.
- Bueno Camila, te invito a tomar un café si no te parece mal. Yo entro a las 9, creo que media hora no está mal.
Acepté. Sebastián tocaba en una banda pero la industria de la música no estaba de su lado, por eso trababa de mozo en un barsucho.
Desde ese día mis ánimos cambiaron, ya no hacia bien mi trabajo, llegar a mi casa era un peso mas, me molestaba hasta mi propio ser. Los únicos momentos en los que sonreía eran todas las mañanas que me tomaba un café con el metalero del bondi.
Era miércoles, ya había viajado tres días, me faltaban dos. Entré a mi casa, el fastidio se convirtió en dolor y este ultimo en furia. Las lágrimas se me escapaban de los ojos.
- ¡Cami! ¿Qué te está pasando? Hace días que estas mal.
Sus palabras eran un puñal helado en todas las partes de mi cuerpo. Sus manos hastías de tanto trabajo no carecían de una delicada caricia sobre mi espalda, mientras rendida en el suelo me preguntaba que era lo malo de todo esto
- Fabi, Fabi… ¿Qué estoy haciendo mal?
Ya me había olvidado cómo se sentía que alguien te quiera de verdad.
Todo estaba bien hasta que me volví a encontrar al bendito músico, pero esta vez de noche. Me invitó a la casa a tomar algo, vivía un tanto cerca de la mía. Accedí. Esa noche fue la más misteriosa, no la puedo explicar. Poco después de partir rumbo a mi casa me invadió la culpa. Decidí contarle lo sucedido a mi pretendiente. Fue la primera vez que vi como sus ojos perdían la magia, sus manos se volvían brutas, su voz dolida y su cara arruinada. Ahí me di cuenta lo que había hecho, o mejor dicho, deshecho.
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